Es común escuchar que las personas se cruzan por algo en nuestro camino -la verdad también lo creo- si retrocedo en el tiempo, me doy cuenta como personas buenas y algunas no tanto, aparecieron para dejarme una gran lección. No importa si es un amigo, un compañero de trabajo, un vecino, una familia o una pareja, siempre nos dejan algo que aprender.
Recuerdo cuando antes trataba de buscarle una explicación a todo lo que ocurría -¿Por qué me dijo eso? ¿Por qué hizo eso? ¿Por qué actuó así?... La verdad era frustrante, pues por más que le diera miles de vueltas, yo no podía entender y entrar en la cabeza de las personas.
Recuerdo cuando tenía 16 años, Joselito (Así le voy a llamar) me invitó para salir a caminar, la verdad era un chico que llamaba mucho mi atención. Yo no era tan sociable y él si lo era, quizá ese contraste hacía que vea algo distinto en él. Salimos por un helado, el día se prestaba para divagar en cualquier tema que se nos viniera a la mente. Todo fue risas ese día, hasta sentí un interés mutuo de continuar la conversación en otra salida.
Debo aceptar que a los 16 años, mi interés no era tener un enamorado; sin embargo, mi carácter curioso quería seguir conociéndolo. Nos vimos en dos oportunidades más, hasta que llegó las vacaciones de medio año. Debo decir que a esa edad estaba terminando el colegio y en mis vacaciones solía viajar. Cuando regresé al colegio estaba feliz, pues lo iba a volver a ver. Cuando pasó una semana, logré divisarlo conversando con sus amigos -Joselito no estaba en mi salón, él era un año menor que yo- mi carácter reservado no me permitió acercarme, pero no me importó, algo en mí decía que volveríamos a conversar y continuar con nuestra última conversación.
Pasaban los días y sentía a Joselito ausente, como si no me conociera. Esto se hizo evidente cuando un día, en una actividad del colegio, pasó por mi lado y no me saludó, simplemente no existía para él y así fue todo el año.
Es allí donde empecé a preguntarme ¿por qué alguien que sientes que le importas, sin razón aparente, decide ignorarte?.
Cuando tenía 27 años me tocó terminar una relación de 3 años, que parecía marchar bien, pero ambos teníamos metas y sueños distintos.
Claro, hay un momento que te cuestionas y piensas que si ambos nos queremos, ¿porque no intentarlo muchas veces más?
A esa edad estás en proceso de cambió, te acercas a los 30 y ya empiezas a evaluar tu futuro con algo más de seriedad, es por ello que evalúas si es mejor continuar con una relación que parece no tener un rumbo.
Ahora que tengo 36 años, siento que si una persona entra en nuestro camino, es para dejar una gran lección y que debemos sacar la mejor enseñanza posible. Nadie está obligado a quedarse o incluso a darte una explicación.
El tiempo nos enseña a valorar los buenos momentos y no guardar malas experiencias.
Cuando me preguntan, el por qué no me afectan ciertas decisiones en las personas, suelo contestar: Todos somos libres de elegir nuestro camino.
Con los años aprendes a Soltar y Dejar Ir...
Foto tomada en un paseo por Australia




